“Creo que escritura y montaña son el mejor ejemplo de la importancia que tiene el camino, tanto en la ascensión como en la bajada, tanto si se hace cumbre como si no”.

¿Quién es Lara Recuero Díaz?

Antes solía describirme por mi trabajo: periodista que trabaja en comunicación corporativa, pero tal vez es el momento de cambiar mi relato por algo más cercano a la foto con la que me siento más yo, más identificada hoy.

¿Quién soy?  soy madre, pero también amiga, hermana, hija, profesional y compañera de cordada de mi pareja. Me gusta el chocolate a rabiar y la lectura como adicción suprema.  En mis ratos libres escribo, no mucho pero algo me ha cundido en estos 43 años. He escrito dos novelas, la segunda a cuatro manos con mi marido Pedro P. Sánchez y tengo un perfil en Instagram donde vuelco mis textos y todo aquello que me gusta, lo que detesto o sobre lo que reflexiono y leo.

Tengo una cultura cinematográfica nefasta, no me entero con los mapas y mi concepto de campo y monte hace veinte años era de bocata de tortilla y silla plegable al lado del coche entre dos árboles. Por suerte esto último cambió y, aunque desde luego cumplo el estereotipo de lo que algunos llaman «dominguera» y no he subido grandes picos, sí he descubierto la pasión de la montaña y del alpinismo en estado puro.

¿Cómo surgió la idea de escribir “Bajo otros cielos otras montañas”?

El origen de esta historia fue un regalo. Un regalo de tiempo que me hizo mi pareja. Pedro además de trabajar entre bits y bytes es alpinista y quiso juntar las pasiones de ambos, literatura y montaña, regalándome el primer capítulo de esta novela. 

La idea era escribir juntos un libro en el que cada mes compartíamos, según a quién le tocara, un capítulo que después ponía en común en una «cena de editores». 

El regalo era doble: hacer algo juntos y quedar para cenar una vez al mes sí o sí, haciendo un paréntesis en la vida de locos y obligaciones diarias que tenemos. Era dedicarnos tiempo a nosotros juntos, pero también a lo que nos gusta. En mi caso a la escritura que la tenía muy abandonada entre trabajo, maternidad y las rutinas que engullen.  El resultado fue un libro que comenzó en 2019 y que terminamos en 2021 entre fines de semanas, veladas varias, metros y autobuses.  

¿Por qué ese título?

Se trata del inicio de la famosa frase del alpinista Lionel Terray «bajo otros cielos, otras montañas nos esperan» y en nuestro caso esta idea resume muy bien el libro: allá donde vayas encontrarás nuevas montañas, nuevos retos, pero también nuevos aires y miradas.

La historia parte de un hecho real, el fallecimiento de Miss Elizabeth Hawley, la famosa cronista de las cumbres del Himalaya, la protagonista, Eli viaja a Katmandú para conocer las últimas voluntades de su tía dejando una vida anodina en Nueva York.
Por su parte, Mingma Sherpa acaba de salvar la vida a Carlos, un español sorprendido en mitad de una avalancha, que viaja por las montañas de Nepal ajeno al periodo comercial de expediciones. Dos mundos distintos y dos vidas paralelas que nunca se juntan. O tal vez sí.

Otros cielos y otras montañas… de ahí el título.

¿Cómo te ha cambiado escribir este libro?

La experiencia ha sido un viaje maravilloso. Lo primero muy enriquecedor desde el punto de vista personal. Compartir y aunar pasiones como montaña y literatura es ya toda una experiencia. Si encima lo haces con tu pareja, preparando citas literarias y cenas para comentar textos, ideas y discutir sobre qué hacer con un personaje u otro con música, copa de vino y lápiz en mano, el disfrute se multiplica.

Por otro, nos ha servido para tener un proyecto común más allá de los quehaceres diarios, tener un objetivo, una meta e ir a por ello. Y no hablo de publicar el libro, todo eso ha sido a posteriori, sino de hacer camino con algo «nuestro».

Por último, diría que volver a la escritura después de un tiempo en barbecho me ha traído la alegría del reencuentro con las letras, de volver a jugar con las palabras, de la emoción de vestirme de otros personajes y recrear sus miradas, pero sobre todo, ha significado la vuelta a la disciplina, a la organización y el esfuerzo que supone la escritura, a las madrugadas y madrugones. Como dicen por ahí los sueños no se cumplen, los sueños se madrugan y se curran. 

Creo que escritura y montaña son el mejor ejemplo de la importancia que tiene el camino, tanto en la ascensión como en la bajada, tanto si se hace cumbre como si no.

Un sueño o deseo que quieras cumplir en el futuro

Seguir entrenando la capacidad de disfrutar de lo pequeño, del viaje a la otra esquina y poder trasladarlo a los que me rodean, en especial a mis hijas. 

El sueño es siempre en gerundio: seguir escribiendo y fotografiando con palabras la vida.

Una lectura recomendada

¿Sólo una? es broma, la verdad es que podríamos decir que somos un poco los libros que leemos y se me hace muy difícil recomendar una sola lectura porque son muchas las historias que me han acompañado, así que me voy a tomar la licencia de recomendar algunas.

Son dos lecturas que me acompañaron durante el proceso de escritura con Pedro. El primero es “Nada importa”, del periodista Jesús Terrés, un libro de artículos/relatos que se lee a sorbitos, en orden o desordenado. Es una celebración de la vida, de la búsqueda de instantes de belleza. Un disfrute.

El segundo está más relacionado con la montaña. Se trata de «Sherpas. La otra historia del Himalaya» de Xiana Siccardi y Lakpa Nuru Sherpa, un libro que te acerca a la cultura y costumbres sherpas, a sus montañas, a su respeto infinito por la naturaleza a la vez que va tejiendo una bonita historia real entre la periodista Xiana en su viaje al Himalaya y Lakpa. No dejéis de leerlo.

Y, por último, y este no cuenta como libro porque diría que es un artículo largo, recomendaría la lectura “El sentido del asombro” de Rachel Carson. Es un texto que merece mucho la pena y que no solo nos habla de la naturaleza como fuente de energía para recargar pilas, sino de la necesidad de mantener durante toda nuestra vida la mirada de los niños y la capacidad de mantener indestructible nuestra capacidad para asombrarnos y emocionarnos con las cosas sencillas de la vida como una puesta de sol, unas piedras o unas hojas que bailan al son del viento del otoño…

Un lema o frase que te mueva en la vida

Supongo que depende del momento, ¡hay tantas frases y lemas! pero a lo largo del libro hemos destacado algunas que creo que me ayudan a definirme o al menos, hacen de brújula en esos momentos de desconcierto. Una de ellas, seguro que os suena bastante es de Reinhold Messner: «Las cosas maravillosas de la vida son las que haces, no las que tienes», no puedo estar más de acuerdo. Por último, en casa, en la pizarra de la cocina, tenemos la famosa frase de Lorca «Tenemos el deber de la alegría». Está claro que no siempre podemos estar alegres, pero me parece la mejor religión a transmitir.

Lara Recuero Díaz

Escritora y montañera

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